Cruce de caminos

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Crossroads

Caminaba pesaroso por el camino polvoriento. Negra silueta delineándose en el crepúsculo. No se apreciaba un alma a varios kilómetros a la redonda. Definitivamente Cincinnatti no era un buen lugar en el que buscar fortuna. Es por ello que nuestro protagonista decidió poner rumbo al Norte, y a falta de medios, a pie.

El viejo Billy Moore le inculcó la pasión por el Blues. “Aprende a tocar la guitarra, muchacho” decía… “No te faltarán chicas bonitas y trabajo fácil.” Sonaba bien desde luego, y  en parte por ello nunca prestó demasiada atención a los estudios. Dejó su Clarksdale natal para probar suerte en Memphis, pero aquellas actuaciones con Bobby Lockwood no terminaron de cuajar. Cincinnatti se le antojó como una solución natural, sólo para comprobar que abrirse paso en el mundo de la música no era lo que le habían prometido.

Aquél 1935 fue un año aciago para los músicos del Delta del Mississippi. Muchos trataban de llegar a la cumbre, pero muy pocos lo conseguían…

Eso andaba cavilando nuestro amigo mientras caminaba. Vestía su sempiterno y ajado traje negro que había conocido días mejores. Sus pertenencias eran más bien escasas: sombrero, gafas de sol – que no se quitaba ni de noche – y por supuesto, su inseparable guitarra.

Estaba cansado, muy cansado. Bajo el brazo, el instrumento pesaba cada vez más. Pero se trataba más bien de un peso psicológico más que físico. Sí, definitivamente había llegado el momento de sentar la cabeza, abandonar la música y tratar de encontrar un puesto de operario en una de las muchas fábricas del Norte industrial americano. Adiós a su sueño.

Así llegó a un cruce de caminos, y no sabiendo a dónde ir, dejó la guitarra en el suelo para descansar un rato. Puede que la abandonara allí, pensó. Y puede que a su siguiente dueño le fuera mejor que a él. ¿Operario de fábrica? Quizás tuviera que resignarse, y la idea ya no le resultaba tan descabellada.Cruce de Caminos

 

Fue en ése momento cuando se dio cuenta de que no estaba sólo. Apoyado en un poste eléctrico se hallaba un hombre de edad indeterminada, fumando con total tranquilidad. Iba vestido con un lustroso traje negro de corte impecable. Una aguda mirada le observaba de hito en hito, con una mezcolanza de curiosidad y complicidad…

– “Hola ¿está esperando a alguien?” preguntó nuestro hombre.

– “Quizás…” contestó el desconocido.

– “¿Sería tan amable de ofrecerme un cigarrillo?”

Éste sacó la pitillera y le tendió fuego con un mechero de oro. El brillo de la llama se reflejó en los enigmáticos ojos.

– “¿Sabes? Cuando te he visto caminando hacia aquí me has recordado a alguien que conocí hace mucho tiempo.”

– “Seguro que te refieres a Tommy Johnson” (*) respondió nuestro hombre bromeando.

– “No. De hecho, fue bastante antes, en Japón. El chico se llamaba Takezo, y tenía una asombrosa destreza con la espada. Muy parecida, si me lo permites, a la que tienes tú con esa guitarra.”

– “Así que me has escuchado tocar y cantar.”

– “Te observo desde hace algún tiempo, sí. Pero permíteme seguir con la historia. En aquella época yo me hacía llamar Takuan. Habían pasado pocos años después de la batalla de Sekigahara. El chico, Takezo, era un samurái errante y por aquél entonces andaba sumido en una profunda depresión. Por más que practicaba, no percibía avance alguno en el dominio de su arte. Andaba de un lado para otro buscando inspiración, daimyo al que servir y un destino que cumplir. Un día nuestros caminos se cruzarón.. Le hablé entonces de la lección que encierra el bambú japonés. Resulta que el bambú tiene un período de germinación único en la naturaleza. Durante los primeros siete años, en apariencia no pasa absolutamente nada. El agricultor impaciente, creyendo tener que lidiar con semillas infértiles, puede sentirse fuertemente inclinado a abandonar su tarea. Pero la perseverancia, la disciplina y la paciencia siempre dan sus frutos, y he aquí que el bambú, tras ese largo período, crece hasta los 30 metros de altura ¡en tan sólo seis semanas! ¿Ese crecimiento es fruto de pocas semanas? ¡No! Necesita de siete años y seis semanas de cuidados y dedicación constantes para desarrollar un complejo sistema de raíces. Takezo meditó sobre aquello durante varios días. A partir de ahí, se entregó al Camino con férrea determinación. Años más tarde se le conoció como Miyamoto Musashi.”

 

Nuestro protagonista escuchaba atentamente. Cada calada que le daba al cigarrillo teñía su cara de un rojo candente…

  • “Japón… Samurais… Eso tuvo que ser hace mucho tiempo… Entonces, Usted tiene que ser…”
  • “No importa quién sea yo -interrumpió el extraño -. He recibido muchos nombres a lo largo de la historia.”
  • “Pero entonces no se dedica a errar el camino de los hombres y …”
  • “No todo es lo que parece. No todo es blanco o negro. Yo también me tomo mis días libres – respondió el desconocido con acerada sonrisa –  La pregunta importante, amigo mío es, ¿Quieres realmente tocar el cielo?”

 

Nuestro hombre calibró la pregunta pausadamente y esbozando media sonrisa dedicó una silenciosa reverencia al desconocido. Apuró el cigarrillo y volvió sobre sus pasos hacia donde había dejado su guitarra. Al cogerla se sintió inmediatamente reconfortado por su familiar peso y tacto. Miró en dirección al desconocido, pero éste había desaparecido. No había rastro de él. ¿Lo habría soñado? No daba crédito a lo que acababa de suceder. Al cabo de un tiempo, sus carcajadas se oyeron claramente en la noche.

Y así, John Lee Hooker caminó hacia la Inmortalidad.

 

– Javier López de Sabando –
Hooker(*) Si quieres aprender a tocar cualquier cosa (…) dirígete a un cruce de caminos. Asegúrate de estar allí un poco antes de medianoche. Comienza a tocar una canción (…) Un gran hombre negro andará hacia allí y cogerá tu guitarra y la afinará. Tocará una canción y te la devolverá. Así es cómo aprendí a tocar cualquier cosa que quiero tocar.

Tommy Johnson fue una de las figuras más importantes del Delta Blues. También fue uno de los primeros Delta bluesmen en grabar. Johnson se caracterizaba por  una habilidad asombrosa a la hora de tocar la guitarra, su fama de mujeriego, el abandono del hogar a una edad temprana y, como arriba descrito, la leyenda del pacto con el diablo para conseguir la maestría en el arte de tocar la guitarra.

 

 

Comments

  1. Jose Machine on julio 1, 2018 at 9:46 pm said:

    Pedazo de artículo, me ha encantado.

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