Meditar, la aventura del conocimiento (6ª parte)

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Sexta entrega de la serie de 8 articulos sobre la práctica de la Meditación, extraidos de un artículo que apareció publicado en el número 31, en junio del 2016 en la revista cultural El Rapto de Europa.

En este articulo el autor reflexiona sobre la gestión de la información, la saturación sensorial y el silencio.

Escribe:

José Manuel Vázquez. Presidente de la Asociación Shiva-Shakti de Yoga Integral. Profesor certificado por Yoga Alliance (E-RYT500) y la Asociación Española de Practicantes de Yoga (AEPY), miembro de la Unión Europea de Yoga y de la International Association of Yoga Therapists (IAYT). Es profesor reconocido por la Asociación Profesional de Profesores de Yoga de Madrid.

Director y profesor de la Escuela de Yoga, «Yoga Organico«

Autor del libro sobre Yoga «Manual de Yoga Integral para Occidentales», además de varios CDs y DVD de respiración, meditación y hatha yoga.

Sexta parte: La Revolución del silencio

Cada experiencia meditativa es única. Todas las meditaciones son diferentes, todas son válidas. Iniciar una práctica meditativa es un reto a nuestra templanza, a nuestra paciencia. Hace falta un poco de valentía para afrontar la tormenta que precede a la calma. El silencio se conquista en la renuncia. La voz de las musas reverbera en los espacios libres entre cada palabra. Nada es estéril cuando meditas. El vacío se hace fértil cuando dejamos de sembrar en él lo conocido.

La revolución de la información nos ha dejado el sistema nervioso sobrecargado y chamuscado. Estamos sobreestimulados, sobreinformados, sobrealimentados, enfermos de exceso, saturados a muchos niveles, y hemos perdido el norte. Estamos enfermando muy lentamente, como sin querer. Las afecciones nerviosas son una pandemia y nadie parece tomar responsabilidad en el asunto. El crecimiento económico cae en picado, vuelve a subir, baja, se mantiene, en fin; parece que nuestro destino está en manos de otros. El desánimo se apodera de nosotros y esto es lo peor que nos puede pasar.

Hasta que un día decido que la revolución del silencio ha llegado para quedarse y que quiero formar parte de ella. Voy a restringir la cantidad de información que consumo. Voy a optimizar mi tiempo de ocio. Me voy a sentar a meditar aunque sea 5 minutos todas las mañanas y todas las noches. A ver qué pasa, porque esto no puede continuar así. Quiero pensar menos, quiero pensar mejor. Quiero tomar decisiones pequeñas y que pueda asumir. Pequeñas cosas que me hagan recuperar valores que dejé por el camino, aficiones para las que ya no tengo tiempo; quiero una mejora en mi calidad de vida y en la de las personas que me rodean.

Las técnicas milenarias renacen y se regeneran en el siglo XXI. Tan importante es preservar su legado original como encontrar la manera de hacerlas nuestras sin perder su esencia. La práctica meditativa es un ser vivo que evoluciona y se adapta al medio. Lejos de ser un cadáver, la meditación está más viva que nunca. Le han salido tataranietos ciber punkis que son meditadores de pleno derecho. Los antiguos munis les guían a través de los sueños, les enseñan a morir, a vivir de otra manera, a quedarse con lo esencial y a descansar cuando es necesario.

El aumento de ofertas espirituales en el mercado se ha incrementado brutalmente y se hace difícil reconocer lo más adecuado para uno. Con el tiempo la persona acude donde se siente más cómodo y obtiene mayores beneficios para su salud. El mercado va madurando y sabe mejor lo que quiere. No compra lo que se le vende, por muy prometedor que parezca, sino lo que quiere. Les confieso que me parece frívolo usar la felicidad como estrategia de marketing. Me parece engañoso hablar de libertad cuando en realidad se quiere decir huida. La meditación es un arma de regeneración masiva y son muchas las personas que ya saben el alcance que esto tiene.

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